El
defensa caraqueño abandona el balón por unos momentos para mostrar un Andrés
más humano, caritativo y sobre todo "rockero".
Erika
López G.
Empieza a caer la noche, el utilero recoge poco a poco
lo que quedó del entrenamiento en el Centro Total de Entretenimiento Cachamay.
Lentamente empiezan a salir desde el camerino los futbolistas. La entrevista
estaba pautada para las 5:00 de la tarde, pero el jugador citado no contaba con
un retraso. "No sabía que me iban a colocar suero, disculpa", es lo
primero que dice al salir Enrique Andrés Ronga Rossi, Totalmente vestido de
forma casual combinado de blanco y negro, aún con algodón y teipe en su mano
derecha.
Curiosamente, muchos le dicen "Rouga", a
pesar de que ese no sea su apellido. El defensor de Mineros de Guayana explicó que
cuando su padre lo presentó se equivocaron y le pusieron Rouga. "Mi
padrino empezó a usarlo cada vez más, cuando me tocaba sacar el balón desde
atrás". Comentó el zurdo sobre su padrino Ayrton Marques el cual lo
acompañó durante sus inicios.
Rouga llegó al conjunto cuando era dirigido por
Richard Páez a mediados del mes de junio de 2013, procedente del Deportivo
Táchira, reencontrándose así con varios amigos que le ha dejado el fútbol como
lo son: Ricardo David Páez (ahora retirado), Luis Vallenilla Pacheco y
Alejandro "Lobo" Guerra (jugando en Colombia actualmente)
-¿Qué significa para ti Mineros de Guayana?
-Una institución que está creciendo muchísimo, que ha
mejorado en todos los sentidos, está entre las más importantes del país.
Rouga
debutó en el fútbol nacional a los 17 años con el Caracas FC, pasando por
varios equipos tanto nacionales como extranjeros. Al día de hoy ya son 14 años
en las canchas.
-¿Cómo decidiste ser jugador y cómo fue el apoyo de tu
familia?
-Desde muy pequeño. Todas las fotos que tengo son con
un balón, no hay un carrito, ni otra cosa. Mi padre era italiano y tenía mucha
afinidad por el fútbol. La verdad recuerdo que tanto mi padre como mi madre me
dieron mucho apoyo en todo sentido.
Rouga enfatizó que siempre tuvo muy claro que esto era
lo que deseaba hacer en su vida, "siempre mi sueño fue este.
Afortunadamente he podido ir logrando algunas de las metas que me trace desde
que era un niño, como ir a la selección, jugar en el extranjero".
-¿Cómo es un día en tu vida?
-Muy tranquilo. El deportista de alto rendimiento debe
tener un estilo de vida así. Trato de levantarme medianamente temprano, sino
tengo entrenamiento en la mañana, como un buen desayuno. Luego comparto con mi
familia, ver televisión, descansar, escuchar música y me preparo para lo que
será la práctica.
-¿Algún trago amargo que te haya dado el fútbol?
-Las lesiones, para mí es lo peor que tiene está
profesión. Más allá de las victorias, derrotas, de conseguir o no títulos, para
mí las lesiones han sido determinantes. Sobre todo porque me han tocado algunas
en las que me ha costado mucho tiempo recuperarme.
A pesar de esto, Rouga confiesa que nunca llegó a
pensar en dejar a un lado el fútbol con todo y que "casi al mismo
tiempo" se lesionó primero el muslo, alejándose varios meses de la cancha,
y al regresar se fracturó el pie: “estuve cerca de 7 ó 8 meses sin jugar,
juntando las dos etapas de recuperación de ambas lesiones y fue un momento
duro. Me costó mucho levantarme de ese golpe anímico".
Para el caraqueño de 31 años, el vestir la camiseta
nacional fue un "sueño". Confesó que "de pequeño iba al Brígido
Iriarte a ver a la Vinotinto jugar. Perdían 0-5. Veía como la gente iba por los
equipos contrarios. Nunca fui hincha de otro equipo, en todo momento apoyé a la
selección".
-Lograr cumplir un sueño, hasta ahora no he logrado
nada más importante que eso. Poder escuchar el himno y poner por primera vez la
camisa de la selección en el estadio Olímpico en el 2002, fue y será algo muy
significativo.
-¿Te genera ilusión volver?
-Siempre. Uno trabaja todos los días para eso. Después
de haberla vestido, yo sueño con volver a estar ahí. A veces yo mismo me digo
que no podré regresar, pero enseguida me vuelvo a animar.
Solidaridad
Muchos desconocen que Rougatiene una fundación con su
nombre, la cual ayuda a niños con cáncer. Esta fue creada tras el fallecimiento
de su padre.
"Mi papá nunca supo que estaba enfermo, se enteró
tres meses antes de morir. Yo vivi de cerca esa enfermedad. Después de ser tan
activo, él jugaba fútbol, era latonero y un tipo grande, de pesar 100 kilos
llegó a 35. Ver eso de chamo me marcó", explicó.
Admite que a raíz de lo que vivió con su progenitor
empezó averiguar y se dio cuenta que también afectaba a los niños. Es por ello
que decidió colocar su granito de arena a través de donaciones y visitas a
hospitales.
Para
concluir Rouga acotó que: “En parte mi paso por UNICEF despertó el deseo de
ayudar a los niños. Desde ese día me empapé en lo que era colaborar con la
gente y no me he detenido hasta hoy”.
